Corren tiempos de cambios geopolíticos. En un mundo cada vez más interconectado, las dinámicas y las organizaciones internacionales instauradas a mediados del siglo XX ya no son efectivas y nuevos actores emergen sobre el tablero internacional buscando el control hegemónico de esta Guerra Fría 2.0. Un nuevo contexto de incertidumbre donde crece la ola de populismos, nacionalismos o desinformación pregonando soluciones fáciles a problemas complejos y poniendo las democracias liberales en jaque. El Consejo Editorial de Ethic aborda los retos a los que nos enfrentamos en 2025 en esta era de la IA y la descarbonización.
«Deteriorar las instituciones del Estado de derecho para sacar beneficio en votos es letal»
Adela Cortina – Filósofa y catedrática de Ética
Existen ya «políticos virtuales» que han ganado elecciones con promesas muy atractivas, como acabar con la corrupción y ofrecer oportunidades justas y equilibradas para todos. Aseguran que los algoritmos podrían sustituir las debilidades emocionales de los seres humanos por un análisis objetivo de los datos generados acerca de las opiniones, expectativas y preferencias de la ciudadanía. Una IA fuerte sería capaz de predecir hechos y consecuencias y de aplicar políticas basadas en el bien común. En tiempos de emotivismo compulsivo, de polarización y de posveracidad, ¿cómo no sentirse atraída por la perspectiva de gobernantes dispuestos a trabajar por el bien común, desde el sentido de la imparcialidad?
El problema es que detrás de estos políticos existen seres humanos que toman decisiones partiendo de los resultados de los algoritmos. Es preciso reconocer la diferencia entre hacer uso de sistemas inteligentes a la hora de tomar decisiones y delegar en esos sistemas decisiones significativas para la vida de las personas y de la naturaleza. Esa dejación de responsabilidades es inmoral e ilegal.
La IA es un instrumento útil, pero la vida pública está en manos de los seres humanos y para que las democracias funcionen es indispensable que la comunicación sea veraz. Es decir, que gobernantes y oposición digan lo que piensan, lo que se proponen hacer y lo que realmente hacen. Pero no es así, se ha normalizado la mentira sin ninguna consecuencia negativa. En el siglo XXI, la única razón de Estado es el fortalecimiento de las instituciones del Estado de derecho con separación de poderes, veracidad y justicia. Deteriorarlas para sacar beneficio en votos es letal; es practicar una «política extractiva» situada a años luz del bien común y destructora de la democracia.
«La accesibilidad a la vivienda requiere una intervención estatal urgente»
Victoria Camps – Filósofa y consejera permanente del Consejo de Estado
La vivienda ha dejado de ser un derecho fundamental. La situación es muy grave, especialmente para los jóvenes: no solo los precios de alquiler no se moderan y no existe un parque de viviendas sociales asequibles para ellos comparable a la de otros países europeos, sino que sus salarios son bajos. Sin ir más lejos, en la universidad, un joven con un sueldo de asociado cobra entre 400 y 600 euros mensuales con los que tiene que hacer frente a un seguro como autónomo, porque, de lo contrario, no puede ser asociado.
Si, además, quiere vivir en la residencia universitaria, debe pagar un alquiler de 900 euros al mes. Es un hecho que una de las causas del malestar actual —que aprovechan los populismos— es la falta de reacción del estado de bienestar ante desafíos nuevos. En las circunstancias ya establecidas de especulación inmobiliaria sin freno, la accesibilidad de la vivienda es uno de esos desafíos ante el que los gobiernos no responden o lo hacen con regulaciones tímidas que no llegan a aplicarse.
Es urgente una intervención estatal que mire al largo plazo, pero que sea capaz de implementar medidas a corto plazo, como un mayor control de los precios, la construcción de viviendas de protección social o la reducción de los alquileres temporales y pisos turísticos. El derecho a la vivienda es un derecho fundamental y existe el deber ético y político de garantizarlo, pero no se ha hecho porque el mercado es muy poderoso y no hay valentía política suficiente para ponerle límites. Mientras que no haya un pacto que agregue voluntades políticas y empresariales para cambiar el modelo y se pongan medidas de control efectivo para que la normativa se cumpla, las propuestas sirven de poco.
«El papel de la veracidad y de los medios de comunicación es nuclear»
Elena Herrero-Beaumont – Directora de Ethosfera
La Constitución española es una de las pocas que incorpora el adjetivo veraz. Lo introdujo porque estábamos saliendo de una dictadura y quería asegurarse de que la prensa pudiera operar de manera libre para publicar y difundir información veraz. Este término ha llevado al Tribunal Constitucional a desarrollar una doctrina de la veracidad, definiéndola como la independencia del editor y, sobre todo, la debida diligencia del periodista. A medida que la desinformación ha ido creciendo, los fact-checkers se han ido haciendo más populares.
El riesgo de desinformación es el más importante al que nos enfrentamos como sociedad, según el último informe de riesgos del Foro Económico Mundial. Los lectores han perdido la confianza en los medios de información, las empresas tienen un interés mayor en vender sus productos y servicios a través de redes sociales y, poco a poco, el principal agente en una democracia constitucional, ese cuarto poder, la prensa libre, se está desdibujando.
De manera pragmática hay que hacer un esfuerzo de pedagogía. Por un lado, con las empresas: cómo están gestionando los riesgos de desinformación y qué grado de compromiso social tienen con la democracia, concretamente, con el ecosistema informativo. Por otro lado, con los lectores, para que sean capaces de comprometerse con un periodismo de calidad, si no queremos que al final la desinformación, los bulos y los pseudomedios dominen la esfera pública. Debemos tomar conciencia de la fragilidad de la democracia liberal. El papel de la veracidad y de los medios de comunicación es nuclear: al final, la veracidad es un proceso que tiene mucho que ver con periodistas, con lectores y con una sociedad civil verdaderamente comprometida.
«Estamos comprobando que el cambio climático mata; ¿cuánto valen esas vidas?»
Cristina Monge – Politóloga
La DANA que ha azotado Valencia ha evidenciado que conviene ir entendiendo el problema de fondo —el cambio climático— para adaptarnos a las nuevas condiciones y acelerar la transición energética. Debemos traerlo a primera línea, tanto con políticas de investigación que entiendan las causas de esa crisis como con políticas de adaptación. Tenemos que asumir que hay cosas que han cambiado para siempre y que las DANAS, por ejemplo, van a ser más frecuentes y virulentas.
Esto significa asumir ciertos cambios que van desde la ordenación del territorio hasta la incorporación de mapas de inundabilidad a la planificación o la aceptación de que hay algunas infraestructuras (como viviendas o edificios) que no se van a poder hacer en ciertas zonas. En definitiva, repensar estas estrategias para adaptarnos a los cambios que la crisis climática está haciendo realidad.
El Informe Stern ya advertía del coste de la inacción. Estamos comprobando que el cambio climático mata; ¿cuánto valen esas vidas? Por supuesto también hay un coste económico en términos de infraestructuras, pérdidas en agricultura, edificaciones. La transición energética no es fácil y no va a ser rápida, porque implica repensar muchos elementos del modelo económico, energético, social y político vigente y, aunque lo estamos haciendo bien, necesitamos acelerarla. Se avanza en tecnología y financiación, incluso en legislación, pero falta toda la parte social. El rechazo que existe a los planes de energía renovables en los territorios donde se ponen aerogeneradores, por ejemplo, necesita ser contrastada con diná- micas de acuerdo con los territorios donde se instalen esas plantas. No podemos tener planes de energías renovables parados. Para eso, además, hace falta un cambio político, de poderes; es decir, que sectores que han tenido mucho poder dejen de tenerlo.
«La inmigración es una importante oportunidad para nuestro continente»
Eduardo Madina – Director de Estrategia en Harmon
En primer lugar, desde la perspectiva de la oportunidad que representa. En sociedades como las europeas, con indicadores de natalidad y altos envejecimientos de la población que suponen un reto demográfico de primera magnitud, la inmigración es una importante oportunidad para nuestro continente. En segundo lugar, desde la perspectiva del control de fronteras y la ordenación legal de los flujos migratorios. Ahí, las discrepancias de enfoque político suelen operar ensanchando las distancias entre opciones políticas y generando espacio para la aparición de discursos xenófobos.
En ellos se cultivan narrativas de odio que están detrás de muchos de los procesos de ruptura de la convivencia que estamos viendo en Europa y las sociedades occidentales. El cierre de fronteras, el discurso de homogeneidad cultural y el rechazo al inmigrante se han convertido en material político de alto voltaje en manos de partidos extremistas. Desde una óptica progresista, duele ver el daño que han hecho en los marcos humanistas de valores de ideologías socialdemócratas, rendidas intelectualmente ante quienes protagonizan esos discursos de rechazo, cierre de fronteras y odio al diferente. Reino Unido o Alemania están dando tristes muestras de pensamiento débil y derrota intelectual y política.
La política migratoria debería conjugar el control de fronteras y la migración legal con el pleno respeto a los derechos humanos y los valores humanistas, eje central del proyecto civilizatorio europeo. De la misma manera, duele ver la incapacidad de la Unión Europea para responder de manera adecuada a decisiones políticas como las adoptadas por Giorgia Meloni en Italia. Una Unión Europea sana debería abrir un procedimiento de sanciones a Italia por el desarrollo de políticas contrarias a sus principios y valores fundadores.
«Lo que afecta más profundamente a la democracia es la campaña contra la Ilustración»
José Antonio Marina – Filósofo y pedagogo
El puritanismo impone una evaluación moral en temas que han de tener su propia evaluación, como científicos o artísticos. Es un ejemplo de totalitarismo moral que piensa, además, que el fin justifica los medios; la consecuencia son la censura y las políticas de cancelación, que limitan la libertad de expresión. Sin embargo, conviene no confundir el respeto a la libertad de expresión con el respeto a los contenidos de esa libertad, pues no todas las opiniones —libremente expresadas— son respetables: pueden ser falsas, calumniosas, criminales o, simplemente, estúpidas.
Creo que lo que afecta más profundamente a la democracia es la campaña contra la Ilustración, en la que coinciden derecha e izquierda. Una de las consecuencias es el descrédito de las verdades y los valores universales. Los partidos reaccionarios niegan la universalidad de las verdades, porque ligan la verdad a la propia cultura, nación, religión o lenguaje. El nacionalismo cultural, uno de los movimientos antiilustrados, solo acepta las verdades nacionales.
Pero en la negación de lo universal están ahora de acuerdo los movimientos considerados progresistas o el pensamiento woke, que se han centrado en el tema de la identidad excluyente. De la misma manera que los nacionalistas reaccionarios negaban las verdades universales —porque solo la nación o el pueblo tenía acceso a su verdad—, los movimientos posmodernos o woke niegan la posibilidad de que un pueblo pueda comprender a otro pueblo o un grupo social a otro grupo social. Si cada uno tiene su propia verdad, es imposible el diálogo, el debate y el pensamiento crítico.
«Debemos ser humanos a la altura de la tecnología que estamos desarrollando»
Elena Pisonero – Presidenta y fundadora de Taldig
La inteligencia artificial se viene desarrollando en ausencia de unas reglas comunes; es un desarrollo tecnológico alegal. Tenemos que trabajar para establecer una gobernanza dentro de un marco donde haya una serie de principios éticos, como se ha hecho en materia medioambiental. La tecnología es un vector fundamental de poder; de hecho, la geopolítica viene marcada por la tecnología. China lo entendió muy bien desde el principio, por eso ha hecho un esfuerzo enorme por responder a intereses geopolíticos en los que no se va a acomodar a lo que Occidente quiera; tiene su propia agenda.
Por eso, es importante ir hacia un marco que sea lo más adaptable y común posible en el que podamos alinear el desarrollo tecnológico, al tiempo que seamos rigurosos en la aplicación y el uso de esas tecnologías (captación de datos, privacidad, seguridad del uso).
La realidad ya es híbrida. No podríamos entender la vida sin la hiperconectividad y la digitalización. Pero debemos buscar el equilibrio y reorganizar nuestras vidas, que ya no se van a entender exclusivamente en términos de trabajo y de presencialidad. Esto requiere cambios en los procesos. La fórmula radica en organizaciones flexibles, adaptativas y con líderes que entiendan de qué va esto. Es un cambio de paradigma brutal. Hay que dar con esa cultura colaborativa que facilite el esfuerzo y aproveche las herramientas en beneficio del conjunto. Debemos ser humanos a la altura de la tecnología que estamos desarrollando, y para eso tenemos que formarnos constantemente y entender que vivimos una época compleja que nos ofrece la oportunidad de resolver problemas complejos.
«China ha pasado de ser una fábrica de productos baratos a ser un competidor»
Jordi Sevilla – Economista
Europa está perdiendo la Guerra Fría 2.0 que se ha desatado por el control hegemónico del mundo entre China y Estados Unidos, tanto en términos económicos como tecnológicos y políticos. Lleva muchos años funcionando con tres vectores que la han sostenido: energía gratis a partir del gas ruso, fábrica barata y mercado chino, y paraguas de defensa estadounidense. Los tres han caído y, por tanto, Europa debe plantearse su autonomía. Hasta el punto de que el plan de autonomía estratégica que propone la Unión Europea es dejar de depender tanto de países lejanos, especialmente con los que hay rivalidad, sobre todo por razones de seguridad. China lleva mucho tiempo posicionándose ante los dos grandes retos de la humanidad: el cambio climático y la IA. Y ha pasado de ser un mercado y una fábrica de productos baratos a ser un competidor.
Los informes Draghi y Letta reflejan muy bien que la UE está definiendo el ser o no ser. La única solución para esa situación de debilidad es correr hacia una mayor integración, al menos en todo lo que tiene que ver con los sectores estratégicos. Pero políticamente están subiendo movimientos de extrema derecha que defienden lo contrario: más nación y menos Europa. Esto se refuerza con las tendencias demográficas, que señalan que Europa cada vez se hace más vieja y África más joven. La presión inmigrante obliga a la UE a abordar la inmigración de forma radicalmente distinta, [teniendo en cuenta] la evolución poblacional y la proyección de riqueza y bienestar. Debemos cambiar las políticas de inmigración y recuperar la idea de ayuda al desarrollo, pero necesitamos más unidad e integración europea, porque esto no se puede hacer país a país.
Fuente original : Ethic